2.2. Los rasgos básicos de nuestra especie

Reflexiona

 

Terminamos este apartado pasando revista a algunos de los rasgos que definen anatómica, funcional y conductualmente al ser humano.

Dichos rasgos son los que nos diferencian del resto de los animales y los que nos dan "personalidad" desde un punto de vista biológico. Se refieren, por lo tanto, a peculiaridades específicas, como la longitud de los brazos, el tamaño del cerebro o la existencia de un órgano fonador capaz de emitir sonidos muy diferenciados. También a nuestras peculiaridades sensoriales, como la visión estereoscópica y el cromatismo, o a rasgos más inespecíficos, como nuestra escasa especialización.

Todos ellos, como verás, constituyen nuestra herencia biológica, lo que nos constituye y enriquece desde ese punto de vista. ¿Aclarará esto el misterio humano? Seguramente no, pero quizás pueda aportar alguna luz...

Muchas veces, cuando queremos describir a una persona, nos referimos a sus rasgos básicos, más característicos: si es alta o baja, rubia o morena... Por ejemplo, podemos citar algún rasgo que la hace única, un lunar en algún lugar característico, o un color de ojos especial...

De ese modo, conseguimos describir a alguien y saber de quién estamos hablando. Pues lo mismo ocurre con la especie humana ¿Cuáles son los rasgos que la  definen?

Como imaginarás, ahora no nos referimos a la estatura (muy variable) o a un lunar, sino a rasgos universales, es decir, presentes en todos los individuos de la especie.

Pero, antes, debes conocer un par de conceptos esenciales: el concepto de fenotipo y el de genotipo.

Importante

Como resulta obvio si lo pensamos un poco, cada especie es única: anatómica, funcional y conductualmente. Y ¿qué es lo que hace a cada especie única?

Su genotipo, es decir, el conjunto de sus genes. Hay que distinguir genotipo de fenotipo, que es cualquier característica detectable de un organismo (estructural, bioquímica, fisiológica o conductual) determinada por una interacción entre su genotipo y su medio ambiente.

Importante

  • Como factores de la hominización podemos citar el bidepidsmo, la dieta y la cerebración.
  • Entre Los rasgos básicos de nuestra especie destacan el acortamiento de las extremidades superiores, el gran tamaño cerebral, la escasa especialización e inmadurez al nacer, los órganos fonadores y la visión estereoscópica.

Para saber más

Pues bien, si observamos el fenotipo de los individuos de nuestra especie, ¿qué rasgos son especialmente importantes?

Desarrollamos algunos de estos en el siguiente Para saber más y lo sintetizamos en el Importante que viene tras él:

  • El acortamiento de las extremidades superiores y su liberación de funciones motoras. La pronación de la muñeca (es decir, la posibilidad de girarla y doblarla en varias direcciones) la hacen particularmente apta para la manipulación y fabricación de herramientas, junto con otro rasgo que es común con otros homínidos, el pulgar oponible.
Imag. de: Gray Dominio Público
  • Otro rasgo importante es el tamaño de la mandíbula, más pequeña que la de otros homínidos, con menos dientes (32, en lugar de 36, y más débiles), lo que, como ya vimos antes, da lugar a un mayor tamaño del cráneo. En consonancia, el tamaño del cerebro humano es notable: de 1.200 a 1.400 centímetros cúbicos en un ser humano adulto. Era más grande en el neanderthal, pero tenía menos desarrollados los lóbulos frontales, donde se sitúan el área del lenguaje y del pensamiento, muy desarrollada en nuestra especie. Así, en los lóbulos frontales se encuentran dos zonas de extraordinaria importancia para el pensamiento y el lenguaje simbólico: las áreas de Broca y Wernicke. Así mismo, el cerebro humano presenta otro rasgo único: la diferenciación y especialización en hemisferios.
  • Imag.deDesconocido
    Creative Commons.
    La visión es, en nuestra especie, el sentido más desarrollado. Nuestro cerebro es altamente visual. Tenemos visión estereoscópica (podemos percibir en tres dimensiones) y nuestra percepción del color es muy completa.
  • Un rasgo inespecífico es nuestra escasa especialización. A diferencia de otras especies, cuya supervivencia se halla estrechamente vinculada a un entorno ecológico muy concreto, la especie humana puede sobrevivir en prácticamente cualquier medio terrestre, desde los hielos árticos hasta el desierto más caluroso (si exceptuamos las zonas de muy alta montaña, más allá de los 4.000 metros de altitud). Si las condiciones de vida en un lugar se vuelven demasiados hostiles, podemos migrar a otros ecosistemas, cosa que no pueden hacer los animales demasiado especializados. La ausencia de garras poderosas, dientes y mandíbulas fuertes y grandes masas musculares nos hacen especialmente vulnerables, lo que nos obliga a compensar estas carencias con ingenio e inteligencia.
Imag.deCarin Araujo
Licencia: permiso del autor
  • Vulnerabilidad en los primeros años de vida. El ser humano nace con el sistema nervioso inmaduro, y su cerebro debe terminar de "hacerse" con la estimulación social. El índice de prematuración del cerebro humano es el más alto entre los homínidos: al nacer, nuestro cerebro tiene el 25% del desarrollo final del adulto, contra el 45% del chimpancé o el 50% del asutralopiteco.
  • Lenguaje: al nacer, disponemos de un órgano fonador (la laringe), equipado con cuerdas vocales, y que se encuentra situado en una posición diferente a la del resto de homínidos, lo que permite producir sonidos más diferenciados. El paladar elevado también permite la articulación nítida de sonidos.

Comprueba lo aprendido

Pregunta

1. El fenotipo es:

Respuestas

El conjunto de los genes de una especie.

El medio ambiente.

El resultado de la interacción entre los genes de un organismo y su medio ambiente.

Retroalimentación

Pregunta

2. El índice de prematuración del cerebro humano es:

Respuestas

Del 45%.

Del 25%.

Del 15%.

Retroalimentación

Pregunta

3. El cerebro del hombre de Neanderthal:

Respuestas

Era más pequeño que el del Homo sapiens.

Era más grande que el del Homo sapiens, pero con los lóbulos occipitales menos desarrollados.

Era más grande que el del Homo sapiens, pero con los lóbulos frontales menos desarrollados.

Retroalimentación